TRADUCTOR

Capítulo 4: Eithan


Después de comer, Mayrah abrió The Cavern de nuevo y estuve acompañándola hasta que su padre llegó y le dio la tarde libre —al fin y al cabo era la primera tarde de verano—.
Salimos con los brazos entrelazados y anduvimos hasta mi casa mientras hablábamos de cuál sería la mejor forma de que Eithan y yo acabásemos juntos. Mis tacones resonaban en el adoquinado y nuestra forma de vestir contrastaba como la noche y el día; Mayrah llevaba unos pantalones pitillo negros con dos manos de esqueleto estampadas en los muslos, una camiseta de rejilla negra que revelaba debajo un biquini rosa fosforito y, de calzado, unas sandalias de plataforma.
—Bueno… Lo mejor será que quedes con él dentro de… ¿2 horas? Mándale un wass y yo me encargo de que tenga la tarde libre —me guiñó un ojo; estábamos paradas en frente de la puerta de mi casa—. En cuanto te diga que sí (porque va a decir que sí, ya lo verás, su subconsciente está buscando cualquier excusa para escapar de la puñetera de Burilda) mantente ocupada, como si no estuvieras ansiosa de verle (que sé que lo estás, pues por algo soy tu parabatai). Ahora, entra en casa, prepárate, ¡y espérale como si no lo estuvieras esperando!
Me despedí de ella con un fuerte abrazo. ¡Ay, qué haría yo sin mi parabatai!
Para los que aún no estéis inmersos en el mundo de los Cazadores de Sombras, los parabatais son dos guerreros que luchan juntos y comparten la misma fuerza, una persona que eliges antes de cumplir 18 años sabiendo que le confiarías tu vida, llegando a ser como un hermano de sangre. Puede que Mayrah y yo no estuviésemos en ese mundo literario, pero nuestra amistad podría definirse fácilmente con esa palabra, y a ambas nos daba igual que el resto del mundo no supiera de qué estábamos hablando; al fin y al cabo, solo se tiene un parabatai en la vida.
Mayrah se separó de mí y lo último que me dirigió fue una mirada de “luego cuéntamelo todo de pe a pa, ¿eh?”. Después me di la vuelta, entré en la casa y seguí su consejo: le mandé a Eithan un mensaje, que por suerte respondió afirmativamente a los pocos minutos, me preparé, y me dispuse a pasar el tiempo dibujando una imagen que rondaba en mi cabeza desde hacía semanas. Como a mi hermana la habían castigado por dejar la entrada abierta y no coger el móvil, le pedí amablemente que posase para mí.
—Noa, ¿podrías…?
—No.
Estaba en el salón, inmersa en alguna conversación con sus amigos a través del móvil.
—¡Vengaaaaa! Que no necesito que sueltes el móvil para conseguir la perspectiva que necesito…
Me senté a su lado en el sofá, pero ella ni se dignó a mirarme.
—NO.
—Hazlo o le diré a mamá que el otro día fuiste a las rampas de monopatín con Joseph sin su permiso.
Levantó la vista de la pantalla.
—Está bien… —accedió, ladeando la cabeza hacia la izquierda—. Pero solo lo hago porque el personaje está basado en mí y porque soy la protagonista de tu libro.
—¡Tú no eres la protagonista de mi libro! —Me reí, mientras abría el bloc de dibujos por una lámina en blanco y aferraba el lápiz como si fuera el arma más poderosa del mundo—. Anda, deja de decir tonterías y gira la cabeza así,… sí, así, y ahora intenta estarte quieta.
—¡Claro que soy la prota! —me contradijo, volviendo a posar los ojos en el Smartphone, pero al menos mantuvo el rostro girado tal y como le había ordenado—. Si no fuera por mí, el libro sería un aburrimiento.
—¡Pero si no lo has leído!
Me apresuré a dibujar todo lo rápido posible los rasgos más importantes antes de que se moviera.
—A ver… ¿a partir de qué capítulo salgo yo?
—A partir del tercero de la segunda parte o así…
—Entonces leeré a partir de ese capítulo…
—¡Noa, no muevas la cabeza!
Así estuvimos largo rato, Noa posando, hablando por el móvil y también conmigo, y yo dibujando y contándole lo que pretendía hacer esta tarde hasta que Eithan llamó a la puerta.
—¿Blondie?
Como ya había terminado la obra, había mandado a mi hermana a descansar y había sido ella la que le había abierto la puerta.
—¿Hum?
Levanté la vista del bloc con el ceño fruncido, como si me hubiera olvidado de que habíamos quedado.
El experimento de Alice
(30-09-14)
—Hay unas olas estupendas esperándonos ahí fuera, ¿recuerdas? —me refrescó la memoria, ignorando completamente mi plan, y me sonrió con expresión risueña. Sin embargo, se contradijo cuando se dejó caer a mi lado en el sofá—. ¿Dibujando otra vez?
—Dando los últimos retoques…
En realidad, había acabado hacía media hora, pero para matar el tiempo me había dedicado a poner sombras y a añadir detalles a la idea original.
—¡Uao! —exclamó Eithan, desencajando la mandíbula—. ¿Es tu hermana?
—Sí —asentí, pasándole el bloc para que lo viera mejor.
De este modo, mientras él lo observaba con los ojos muy abiertos, yo me dediqué a observarlo a él.
Eithan se había despaturrado en el sofá en una pose desenfadada, vestido con una camisa roja hawaiana y un bañador azul marino largo hasta las rodillas. Su mirada azul parecía obnubilada y estaba tan natural  que me dieron ganas de dibujarlo antes de que se rompiera el hechizo; había tanta magia en la escena…
Sin que se diera cuenta, alcancé el móvil de Noa, que estaba en la mesita de café
—algo inédito, porque se podría decir que el móvil era la continuación del brazo de mi hermana—, lo desbloqueé y sin pensármelo dos veces hice una foto, atrapando el momento. Desgraciadamente el sonido de la cámara lo alertó; sobresaltándolo.
—¿Por qué has hecho eso?
—Alguien tenía que inmortalizarlo —me encogí de hombros, mientras me enviaba a mí misma la foto por medio de WhatsApp—. Ahora más que nunca apenas tenemos tiempo para estar juntos, así que prefiero dibujar la escena fijándome en la foto.
Eithan me devolvió el bloc.
—Aunque no te lo creas, disfrutaba mucho posando para ti —admitió en voz baja, mirándome fijamente a los ojos—. Al menos así podíamos hablar…
Dejé el bloc, el móvil y todo lo demás sobre la mesita y estiré las piernas, pues mientras dibujaba había mantenido las rodillas dobladas, con los pies sobre el sofá.
—Lo sé… Yo también disfrutaba… —murmuré.
«Al menos ha sido él quien ha sacado el tema esta vez», pensé; eso podía significar que de verdad estaba replanteándose mejorar nuestra situación.
—Bueno, ¿vamos? —Tenía ganas de surfear, de descargar la tensión y de decirle de una vez por todas lo que le tenía que decir—. Siento que se me haya pasado un poco la hora con el tema del retrato pero como ya lo tengo todo preparado lo mismo da, ¿no crees? —me levanté.
Me había puesto mi bikini preferido a rayas color turquesa y azul, y sobre la parte de arriba llevaba una camiseta naranja fosforito que parecía una segunda piel y que servía para que no me quedase en topless por culpa de alguna ola malintencionada.
—Lo haces para que no te pierda de vista, ¿eeehh? —Eithan pellizcó uno de mis costados, tirando de la tela, y al soltarla ésta se pegó de nuevo con un ¡Pop!
Obviusly —respondí.
Él también se levantó y anduvimos juntos hasta la puerta.
—¡Noaaaaa, volveré al anochecer! —grité en español—. ¡Si necesitas cualquier cosa estoy en la playa!
—¡See ya, Eithan! —se despidió ella desde la otra puerta de la casa, ignorando mis palabras.
—¡See you soon, Noa! —le respondió mi amigo, y esperamos unos segundos a la espera de que dijera algo más.
Como no parecía que fuera a despedirse de mí (propio de mi hermana), indiqué a Eithan que saliera y grité:
—¡Yo también te quiero!
Cerré la puerta con fuerza, haciendo vibrar hasta las columnas del porche.
—Anda,… cojamos las tablas y vayamos a surfear.
Al rato nos encontrábamos en la orilla con nuestras respectivas tablas debajo del brazo y las miradas de casi toda la playa clavadas en nosotros.
—¡Muy bonito, Eithan! Ha sido quitarte la camiseta y todos los bañistas se han girado en nuestra dirección.
—¡No te quejes, que tampoco hay tantos! —se defendió él, señalándolos—. Además, la mitad de los espectadores que nos observan lo hacen por tu culpa, que tienes una forma de mover el culo que ya quisieran tener muchas supermodelos.
—¡Perdona! No es solo la forma que tengo de moverlo, sino que tengo culo.
—Estás perdonada… —¿Fueron impresiones mías o me miró el trasero de reojo?—. Va, ¿gana quien llegue antes a la rompiente?
—Claro, como sabes que te voy a ganar, lo que pretendes es tener un bonito primer plano de mi trasero, Sinvergüenza
—¡Déjate de tonterías, Blondie! —Al no responderme directamente, me di el beneficio de la duda—. Una, dos…
—¡TRES!
Me lancé hacia delante, corriendo a través del agua hasta que hubo la suficiente profundidad como para soltar la tabla y tumbarme en ella.
—¡Eso no vale! —Oí cómo Eithan se ponía también en movimiento—. ¡Siempre ha sido a la de “YA”, no a la de “TRES”!
—¡No empieces como Mel Gibsson en Arma Letal y rema! —le apremié, siguiendo mi propio consejo.
Ambos llevábamos tablas largas y rápidas, de punta afilada y diseñadas especialmente para surfear olas grandes como las que hay en nuestra zona, y aunque el cuerpo de Eithan abarcaba más superficie de su tabla que el mío, yo siempre fui más rápida.
Así que alcancé pronto la rompiente, mostrándole a Eithan una perspectiva muy atractiva de mi trasero, y nada más me encontré en la zona que me interesaba, me alcé rápidamente con ayuda de los brazos y me puse en pie, dispuesta a cabalgar unas cuantas olas.
Oí que Eithan se quejaba por haber perdido, y me reí. Mi risa se mezcló con el sonido del agua, con el sonido de la tabla apartando la espuma y rompiendo la superficie, y giré el cuerpo, subí, bajé, me deslicé a lo largo y a lo ancho de la pared, haciendo acrobacias y figuras que había aprendido con el paso de los años y miles y miles de caídas hasta que por fin me habían salido perfectas.
Cuando terminé con esa ola acepté los aplausos de Eithan con exageradas reverencias y dejé que fuera él quien pillase la siguiente ola.
A partir de ese momento el tiempo dejó de importar. Los bañistas de la playa dejaron sus quehaceres y se dispusieron a mirar obnubilados nuestros jóvenes y relucientes cuerpos contorsionándose con el oleaje, como si asistieran a una danza, y Eithan y yo disfrutamos del mar, del sol, del sabor de la sal impregnándose en nuestros labios de tanto que nos reíamos y el agua nos salpicaba en la boca con pequeños besos salados; disfrutamos de nosotros, de nuestra compañía, de nuestras caídas y victorias. ¡Hacía tanto tiempo que no surfeaba! Y hacía tanto tiempo que no estaba con él…
Sí, el tiempo dejó de importar, pero eso no significó que se detuviera.
Después de tanto ejercicio, de tantos movimientos y posturas, empezamos a cansarnos y decidimos nadar mar adentro para descansar un poco.
—¿Vamos? —me preguntó, tumbándose de nuevo sobre su tabla para remar con los brazos.
—Sí, claro… Vamos.
Mi corazón palpitaba contra la tela de fibra de vidrio que cubría el interior de la tabla, una especie de espuma de poliuretano que estaba reforzado de madera, y aunque los músculos empezaban a agarrotárseme por el cansancio, remé más deprisa para situarme a su lado.
—¿Te apetece terminar el día asistiendo a la puesta de sol? —me preguntó en cuanto llegué a su altura.
—¿Qué mejor que empezar el día saludando al sol y terminarlo despidiéndome de él? —sonreí, recordando cuando él había venido a recogerme esa misma mañana—. Hey, nos estamos alejando mucho de la playa… ¿no estarás planeando asesinarme?
Las carcajadas de Eithan fueron como una descarga eléctrica alrededor de mi cuerpo.
—Me has pillado —me guiñó un ojo.
Parecía que él mismo intentaba ponerme las cosas más fáciles a la hora de que le confesase mis sentimientos, como si su subconsciente lo supiera y por eso me llevaba a un sitio en el que sabíamos que nadie nos interrumpiría; sin embargo, era yo la que me ponía cada vez más nerviosa, dificultándome a mí misma mi misión.
—Uff, estoy cansadísima, Eithan… ¿paramos ya?
Nos detuvimos y nos sentamos en las tablas, uno junto a otro pero sin mirarnos, con la vista al frente. Habíamos dejado atrás la olas, y ante nosotros el mar se encontraba en clama, listo para engullir esa moneda dorada de un solo bocado.
—Sí, aquí es perfecto… Estamos en primera fila.
Nos quedamos mirando cómo el sol caía sobre el agua, mientras nos mecía el agua. Nos habíamos alejado tanto de la orilla que daba la sensación de que éramos los únicos pobladores del planeta, y no se oía nada más que el agua, el viento, los pájaros y nuestras propias respiraciones, que eran suaves como el roce del terciopelo.
Pasaron los minutos.
Un minuto.
Dos minutos.
Tres minutos.
Una eternidad.
Se acababa mi tiempo.
—Eithan,… ahora que ha empezado el verano… podríamos quedar algún día para retomar mis series de dibujos en los que tú eras el modelo.
Mi voz salió de mi garganta en un susurro, como si en realidad no quisiera decirlo, pero de alguna forma tenía que empezar la conversación, y de alguna forma ésta debía desembocar en donde yo quería que desembocase.
—No sé si podré, Blondie —comenzó él disculpándose, lo cual no era un buen principio—. Tengo que trabajar para la agencia y sacar el dinero para la universidad, y para entrar en ella también debo estudiar y prepararme al 100%. Y luego, claro, está…
Burilda.
Debería haber sonado despreocupada, pero la amargura con que dije su nombre se notó tanto que Eithan reaccionó como si le hubiera salpicado con ácido la cara.
—No entiendo por qué desde hace un año os lleváis tan mal —torció el gesto, mientras agitaba distraídamente las manos en el agua— y cuando pregunté, dijisteis que fue una discusión sin importancia, pero ya ni siquiera os dirigís la palabra.
—Las relaciones con las personas son así, Eithan. —Achiqué los ojos para que el sol no me deslumbrase cuando me giré a mirarlo—. Los amigos de verdad se conocen, comparten sus secretos, sus vidas, y como no se puede estar de acuerdo con una persona en todo, de vez en cuando discuten.
—¿Y se mantienen enfadadas durante meses?
Me encogí de hombros.
—Las discusiones pueden ser más o menos fuertes, pero luego lo importante es saber perdonar, y si la amistad no se recupera es que nunca se ha tenido.
Mantuve la mirada en su rostro, intentando empaparme de toda la comunicación no verbal que pudiera complementar sus palabras, indicándome si de verdad pensaba lo que decía, o cuáles eran las tonalidades de sus sentimientos dependiendo de si alzaba más una ceja o ladeaba la cabeza levemente a la izquierda.
—¡Yo no creo que sea así! —Me contradijo, con una sonrisa que resultó demasiado forzada—. Además, tú misma has dicho que hay que saber perdonar, así que no veo el problema por el que no lo hagáis y recuperéis la amistad. Porque yo pienso que teníais amistad.
—¡Yo no puedo perdonar a una persona que me ha traicionado! —Me defendí, sin intentar camuflar de ninguna manera mis sentimientos.
Vi que él giraba la tabla, como si no pudiera soportar verme enfadada o quisiera aplazar la conversación, así que remé rápidamente con los brazos y lo intercepté. Las tablas chocaron con más o menos brusquedad y nos tuvimos que agarrar el uno al otro para no caernos, por lo que se vio obligado también a levantar la vista y a mirarme a los ojos.
Si hubierais podido estar ahí, si hubierais podido verlo, os habríais dado cuenta de que el sol había quedado entre nosotros.
—No evites la conversación, Eithan… Tú no eres un cobarde.
Noté el calor de su cuerpo en contraste con el frío del agua, el cómo ardían sus ojos, suplicantes.
—No, no lo soy, pero lo único que faltaba es que nosotros discutiéramos.
Solté una carcajada irónica.
—¿Y si discutimos? ¿Qué más da? ¿O acaso crees que nuestra amistad no es lo suficientemente fuerte como para superarlo?
Se me rompió el corazón cuando lo vi titubear.
—¿Eithan?
—Es mi novia, Blondie, y tú eres…
Sacudió la cabeza, y nos quedamos por unos momentos inmóviles en esa posición, sujetándonos el uno al otro y mirándonos a los ojos.
«Es mi novia, Blondie, y tú eres…» Las palabras resonaron en mi cabeza, de tal forma que me vino a la cabeza al efecto Doppler. ¿No sabéis de qué trata? Bueno, os lo explicaré resumidamente para que lo entendáis…



Efecto Doppler, ejemplo y ejemplo del ejemplo
El efecto Doppler se basa en un cambio de frecuencia en una onda que puede ser electromagnética, acústica… eso da igual, en una onda, que es producida por un cuerpo en movimiento con respecto a otro cuerpo que puede estar estático o también en movimiento.
Por ejemplo: vas caminando tranquilamente por la acera y pasa a tu lado un coche de policía con la sirena puesta. Oyes llegar al coche, y a medida que se acerca a tu posición, las ondas acústicas empiezan a plegarse, ¡cómo un acordeón! y el sonido se hace más intenso y agudo. Sin embargo, a medida que se aleja, las ondas se distienden y el sonido resulta más grave.
Bien, pues a mí me pasó algo parecido con esas palabras, con la única diferencia de que al oír “la sirena”, en vez de contentarme con ver pasar a toda velocidad el vehículo, me lancé a la carretera y el coche de policía se me llevó por delante.



Definitivamente, ya no hacía falta que yo le dijera qué era para mí. ¿Por qué decirlo, si yo para él no era nada?
Mientras —y dejando de lado la física—, sentí que el mar me tragaba y se colaba en mis pulmones, y que inundaba mis lagrimales amenazando con derramar ríos por mis mejillas. ¡Todo el plan que había planeado con Mayrah no servía para nada! Todas mis esperanzas habían quedado reducidas a absolutamente nada.
—Ella me hizo daño, Eithan —logré articular, tragándome las lágrimas para mantener intacto mi orgullo.
—Vosotras le hicisteis daño a ella dejándola de lado.
—¡Ya te he dicho que ella me traicionó! ¡Ella es la que se ha interpuesto entre nosotros! Es falsa… Es tan falsa como su color de pelo.
Ya no sabía ni qué decirle para hacerle cambiar de opinión.
—A mí me gusta su color de pelo, aunque sea teñido.
—¿Y por qué crees que se lo tiñe así desde hace cuatro años, eh? Porque te oyó decir que te gustaba mi color de pelo. ¿No recuerdas que fue al día siguiente de esa conversación cuando se lo aclaró y empezó a teñírselo de rubio? ¡Anda ya, pero si siempre mantuvo que su melena morena no se la iba a tocar nadie! Burilda es una falsa, y nos la ha estado pegando durante años. —Dejé de sujetar a Eithan, recuperando la firmeza en mis palabras, y me erguí todo lo que pude—. Se fija en los rasgos interesantes de las personas y… ¡zas! los copia. Vio que a la mayoría de los chicos os gustan las chicas que saben de música, y de la tarde a la mañana sabía de todos los estilos que le propusieras; se dio cuenta de que el pintalabios de Mayrah le quedaba genial a Mayrah, y a los cinco minutos la tenías pintándose los morros del mismo color para que la otra no resaltase…
—Eso se llama interesarse por algo, dar todo lo que tienes por hacer una mejor versión de ti —replicó con frialdad.
—¡Las personas no necesitamos dar nuestra mejor versión a los demás! —Grité, enfadada—. ¡Tenemos que ser nuestra mejor versión de nosotros mismos, no hay que demostrar nada!
—Pues tú ahora me estás demostrando que tienes celos de la perseverancia de mi novia, y no creo que esa sea la mejor versión de ti misma.
Se me desencajó la mandíbula.
—¿Perdona?
—Sí, Crystal… Lo que estás haciendo ahora es echar en cara a Burilda algo tan tonto como que se tiñera de rubia o se pintase los labios del mismo color que Mayrah simplemente por el hecho de que os hace competencia. Y todo este rollo viene de que parece ser que Burilda me está apartando de ti por no-sé-qué-traición.
—¡Eres increíble! —Bramé, desesperada—. Burilda es una especie de camaleón, y tú en lo único que te fijas es en si tenemos celos de ella, ¡cuando es ella la que se copia de nosotras!
—¡Si fuera así, ¿por qué no lo dijisteis antes?! ¿Por qué esperasteis hasta que empezamos a salir para enfrentaros a ella? ¡Da la impresión de que no queréis que salgamos juntos!
—¡También da la impresión de que te niegas a saber la verdad!
—¡Es verdad, no la verdad!
—¡No hay peor sordo que el que no quiere oír!
—¡Mayrah y tú sois las que no escucháis a nadie! ¡Burilda siempre ha querido arreglar las cosas!
—¡Eso es lo que te ha dicho a ti!
—¡Porque vosotras sois inaccesibles!
—¡Es una manipuladora!
—Ya me avisó de que esto iba a pasar de un momento a otro…
—¡Porque es una manipuladora! —repetí, golpeando el agua con los puños.
—¡Tú lo único que quieres es tenerme solo para ti y tus estúpidos dibujos!
Volvió a dejarme boquiabierta, noqueada, K.O., pero esta vez Eithan pareció darse cuenta de que se había pasado.
—Yo… Blondie, yo… no quería decir eso…
Cerré los ojos con amargura.
—Pero lo has dicho,… y parece ser que Burilda no es la única que finge… Quizás sí seáis el uno para el otro.
Dolida, separé mi tabla de él y comencé a alejarme.
—No, Blondie, no digas eso…
Intentó agarrar mi tabla para detenerme, pero le lancé una mirada furibunda y se detuvo a medio camino, con los brazos alzados en señal de rendición. Sin embargo, en vez de remar hacia la orilla, me puse a remar hacia donde habíamos estado antes surfeando; necesitaba una ola, necesitaba saber que tenía el control de algo.
—¡Blondie!
Mi nombre entró por una oreja y me salió por la otra. Me regañé a mí misma por haber sido tan ilusa al pensar que conseguiría que Eithan cortase con Burilda, de que se diera cuenta de con quién estaba tratando en realidad. «Si Eithan aceptó salir con ella, será por algo. Soy una ilusa, ¡una ilusa!, una completa ilusa…» La sangre me hervía y la ira burbujeaba en el interior de mi pecho y cosquilleaba mis dedos. «Suerte que no le he dicho que llevo colada por él desde que lo conozco… Si lo hubiera hecho, además de ilusa habría quedado como una verdadera idiota.»
Me paré un momento, buscando la ola adecuada, y como si algo hubiera escuchado mis deseos vi ante mí cómo una pared de agua empezaba a levantarse.
Fui a por ella.
—¡Blondie!
No, Eithan, ahora las únicas que existíamos éramos esa ola y yo…
Me levanté sobre la tabla, logrando ponerme de costado a la elevación de agua, y mantuve el rail bien pegado a la pared. Con piernas flexionadas, la rodilla izquierda detrás, poniéndola un poco hacia dentro para guardar el equilibrio, el dorso recto, los hombros en la dirección que llevaba la tabla, me giré justo cuando la cresta de la ola empezaba a caer por encima de mi cabeza, y mi cuerpo quedó encerrado en el tubo.
Fue la metáfora perfecta para cómo me sentía en esos momentos.
El agua se rizó, me cubrió, me aisló del mundo exterior y al instante me relajé; el mar siempre había tenido sobre mí ese efecto. Con eso no quiero decir que mi enfado se disipase, pero sí me ayudó a aclarar más o menos mis pensamientos, a recuperar la cabeza fría.
El tubo empezó a girar y yo me deslicé a lo largo durante lo que me pareció una eternidad, y a medida que lo hacía, dejé que mi mano derecha rozase la superficie del agua.
Era una sensación difícil de describir, de completa armonía con el mar.
Sonreí, con las lágrimas que antes había aguantado deslizándose por mis mejillas, desenredando el nudo que se había formado en mi pecho, y mi reflejo me devolvió la sonrisa.



Sí, lo sé... Ya estaba tardando demasiado en subir esta entrada, ya me perdonaréis, pero es que tenía taaaantas cosas que hacer. Bueno, lo que importa es que por fin la he subido, y espero no demorarme demasiado con el siguiente capítulo. De momento... ¿Qué me decís? ¿Qué os está pareciendo la historia? Si se hace pesada, si hay partes que no os gustan, si queréis que pase alguna escena y queréis compartir la idea para que la incluya, estoy abierta a opiniones y a críticas constructivas. ¡Así que no dudéis en decirme cualquier cosa!
Hasta entonces...


¡Chaito!



No hay comentarios:

Publicar un comentario