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Capítulo 2: Melodías Lunares

Por si te has perdido algún capítulo de Alter Ego…

Capítulo 2
Melodías Lunares

Remé hacia Eithan rápidamente, aprovechando la ausencia de oleaje. El agua estaba fría en contraste con mi piel caliente por el sol, y la sensación me puso la piel de gallina. Cuando llegué a la orilla, salté de la tabla y, apretándola contra mi costado, avancé andando sobre la arena.
—¡Eithan!
—¡Corre, Blondie! ¡Ya la han abierto!
—¡Espera! ¡Le prometí a mi madre que iría vestida para la ocasión!
Vi cómo ponía los ojos en blanco en cuanto llegué a su lado, pero no discutió mientras nos encaminábamos hacia mi casa.
Eithan apenas había cambiado desde que éramos pequeños. Seguía teniendo los ojos azules, y esa mirada penetrante que lo hacía parecer más un hombre nórdico que un australiano. Lógicamente, con el paso de los años había crecido, alcanzando el metro ochenta de su padre, y el pelo rubio lo había mantenido largo y cuidado hasta los hombros; si no fuera por su musculoso cuerpo, se le confundiría por una chica, detalle con el que siempre me gustaba tomarle el pelo.
—Vamos, Blondie,… Date prisa o estará todo lleno de gente cuando lleguemos —me apremió.
—Lo de “Blondie” podría decírtelo yo —repliqué; nunca me ha gustado que me metan prisa.
Eithan resopló.
—Ese es tu nombre, no el mío. Además, yo soy “el joven modelo más influyente y seductor de Australia desde Travis Fimmel”, y si no te lo crees, léelo en la revista…
Le di un golpe “suave” con la tabla, apuntando a su estómago, con la esperanza de que se le bajasen un poco los humos; desde que lo habían contratado en una prestigiosa agencia de modelos, su ego masculino no había hecho más que hincharse como un globo.
—¡Au!
—¿Se te desinflan los abdominales o qué?
Por su culpa (podía haber venido antes a avisarme, ¿no creéis?), tuve que dejar mi preciada tabla tirada de cualquier manera en mitad del jardín antes de atravesar la entrada de la casa, que, cómo no, mi hermana se había vuelto a dejar abierta.
—Sabes perfectamente que esto —Eithan se señaló el torso, marcado por una camiseta blanca de tirantes—, es el resultado de años surfeando y exhaustivos entrenamientos de rugby.
Me reí mientras subíamos por las escaleras hacia mi cuarto.
Eithan tenía razón: sus definidos músculos se debían a su amor desinteresado por el deporte y, sobretodo, a la genética; nunca había puesto un pie en ningún gimnasio, ni se había chutado esteroides —como muchos envidiosos aseguraban— ni había probado batidos de proteínas.
—Ya, ya,… De todas formas tendrás que entrenar más ese tono de insolente-arrogante-seductor para la campaña publicitaria, porque así no te comerás ni un rosco, créeme; siempre has sido demasiado humilde.
Eithan enrojeció. Hablábamos en inglés, y con el paso de los años yo había adquirido un acento tan perfecto como el de mi amigo.
Llegamos a mi dormitorio y, sin decir nada más y contenta de conseguir esa reacción por su parte, me escondí tras el biombo que había cerca de mi cama y lancé el biquini por encima. Eithan lo atrapó al otro lado con un movimiento perfectamente sincronizado, gracias a las tantas veces que habíamos repetido la escena.
—¿Qué has querido decir con eso? ¿Qué he hecho mal?
Su voz se había transformado: ahora sonaba preocupada e inocente, y no pude evitar la tentación de asomarme por encima del biombo para ver la cara que ponía mientras enumeraba sus fallos:
—Primero: cuando te he dado con la tabla, deberías haber sonreído arrogantemente. Segundo: al explicar que tus músculos son naturales, di que son el resultado de hacer pesas con las chicas que te ligas; lo del surf y el rugby ya está muy oído. Y tercero…
—Como vuelvas a decir que el surf y el rugby están muy oídos, Crystal, pasaré a tu lado del biombo y me pondré a hacer pesas contigo, estés vestida o desnuda.
Ahí sí que clavó el tono de la voz: grave, peligroso, amenazador… Sexy.
Fue mi turno para sonrojarme y me escondí tras las tablas decoradas por mí misma con dragones y ornamentos orientales.
—No te atreverás… —susurré. No sé si me oyó o no, pero no añadió nada más ni apareció en mi lado del biombo, aunque yo lo esperaba con el corazón latiéndome con fuerza.
Riñéndome a mí misma por dame ilusiones, terminé de vestirme y me calcé los tacones.
Al salir de detrás del biombo, me encontré a Eithan observando con el ceño fruncido los dibujos que cubrían por completo la pared en la que estaba apoyada la cama, a modo de un gigantesco cabecero.
Él no se dio cuenta de que ya estaba lista, pues estaba completamente abducido por una de mis escenas imaginarias plasmadas a papel: en esta en particular, un hombre enmascarado inclinaba hacia atrás a una joven bailarina que se mantenía ajena al influjo de su mirada, sin dejarse seducir, como si estuviera envuelta en un corazón de piedra.
Ejem —carraspeé—. ¿No teníamos prisa?
En realidad, solo habían pasado diez minutos desde que me había llamado desde la playa, pero parecía una eternidad; siempre tenía la sensación de que con él el tiempo pasaba más despacio, y sin embargo era al revés.
Eithan se volvió, llevándose tal impresión al verme que mi biquini se le cayó de entre las manos.
—Vaya,… Estás guapísima, Blondie… —Dijo, mirándome de arriba abajo y tartamudeando de una forma adorable—. ¿Te has mirado al espejo? Estás… impresionante.
Sonreí con el comentario del espejo, claro que él no tenía ni idea de lo irónico que resultaba.
Me había puesto un vestido azul marino con topos blancos muy pequeños, que se ceñía a mi cuerpo como una segunda piel, y la falda tenía mucho vuelo y me llegaba por encima de las rodillas. Por detrás era más escotado que por delante, dejando al descubierto la porción justa de espalda para no revelar el sujetador y dejar volar la imaginación. Para rematar, me había calzado las sandalias de tacón que muy de vez en cuando me ponía, como cuando quedaba con Mayrah para ir al cine y nos gustaba vestirnos más “elegantes”.
—Gracias… ¿Vamos? —Una sonrisa de Cheesire cruzaba mi rostro.
—Claro —Eithan se aclaró la garganta y retiró la vista.
Salimos de la casa tan rápido como habíamos entrado, aunque esta vez sí que la cerré, y nos dirigimos al pueblo en silencio. Noté que para él la situación había resultado bastante incómoda, pero a mí no me importaba; prefería no decir nada a intercambiar palabras vacías.
—El dibujo del baile… —Comenzó una conversación, sin poder aguantarlo más—. Es nuevo, ¿verdad?
Sacudí la cabeza; como no quise perder tiempo en secarme el pelo, de los mechones desordenados que se derramaban por mi espalda seguían cayendo gotitas de agua salada.
—Lo dibujé el 26 de febrero del año pasado —respondí con fingida indiferencia; en el fondo me dolía.
Eithan palideció.
—¿En serio?
—Sí. Será que no te has fijado en él hasta ahora… —le resté importancia.
—Sí, será eso…
Mentira. Desde que el año pasado lo descubrieron unos ojeadores cuando volvía de surfear, Eithan había andado de un lado para otro inmerso en sesiones de fotos para ganar dinero para ir a la universidad, y apenas habíamos tenido tiempo para estar juntos.
Me consolaba que al menos para él, ser modelo fuera simplemente una vía para acceder a los estudios; sin embargo, para el resto del mundo, él tenía el potencial suficiente como para convertirse en la imagen de importantes marcas y alcanzar el estrellato, como si eso fuera lo único a lo que podía aspirar en la vida.
Y luego, claro, estaba su novia.
—¿Y cómo se llama? El dibujo, digo —me fijé en que me miraba de reojo.
El baile de un alma. Representa una escena de mi libro, no sé si te acordarás de ella…
No me malinterpretéis, no lo hacía a traición ni por dejarlo en mal lugar, pero quería saber hasta qué punto había estado desaparecido.
—Sí, claro que me acuerdo —confirmó rotundamente—. Es flipante cómo consigues trasladar las palabras a tus dibujos, las historias,… Aunque no lo necesitan, Blondie. Al escribir, consigues meter al lector de lleno en la escena, y no hace falta que nos lo dibujes para que lo imaginemos tal y como tú quieres… ¡Y con los dibujos pasa lo mismo! Hay veces que no hace falta que escribas nada, pues consigues que la imagen hable por sí sola…
—¡Anda ya! —Lo interrumpí—. No te pases. No soy tan buena, no como mis padres…
—¡Claro que sí! No me extrañaría que en unos años hiciésemos este mismo camino, ¡pero no para ver publicado un nuevo libro de tus padres!, sino para ver libro.
En ese instante llegamos a la librería, que estaba medio oculta por un tumulto de gente que hacía cola. El plan de la mayoría era: 1) Entrar cuanto antes y comprar un libro de la primera edición. 2) Que mis padres se lo firmasen. 3) (Solo en algunos casos) Vender el libro firmado por Internet al mejor precio posible.
Eithan me dijo algo que no pude escuchar por culpa del barullo y señaló el escaparate. En grande, había un cartel con el título de la obra y el nombre de mis padres, acompañado de la portada y una foto de los mismos autores.
—¿… es tuya?
Supuse que se refería a la portada. Asentí con la cabeza. Eithan me había rodeado con el brazo mientras nos abríamos paso por el mogollón y sentía el calor de su pecho contra mi costado.
—¡Está genial!  Pero creía que la editorial no te había dejado…
Su aliento me hizo cosquillas en la mejilla cuando se inclinó para que lo oyera mejor.
—Y así era, hasta que mis padres soltaron el ultimátum de que si el libro no tenía la portada que yo había diseñado se cambiarían de editorial.
Eithan se rió, con esa risa que llega hasta los ojos y queda tan bien en las fotografías.
—Tus padres son geniales… ¡Oiga! Déjenos entrar: he aquí la preciosa hija de los best-sellers y su guardaespaldas.
El hombre que guardaba la puerta le puso mala cara cuando se dirigió a él de esa manera, pero al reconocerme se relajó y, un poco a regañadientes, nos dejó entrar en la tienda mientras un murmullo de excitación se extendía por la multitud.
—… Es Crystal…
—¡Sí, es su hija!
—Dicen que el personaje principal está basado en ella…
Los murmullos quedaron levemente acallados, como si hubieran sumergido a las personas bajo el agua, cuando quedamos resguardados en la librería.
—¡Cris! —Mi madre me separó de Eithan para abrazarme, y empezó a hablar en mi lengua natal rápidamente. ¡Por fin llegas! Tú también tienes que firmar, eeeehhh, que la ilustradora también tiene su mérito, y mucho más si forma parte de la historia… ¡Ah, hola Eithan!
Buenos días, Elena.
Era divertido oír a Eithan hablar en español.
—¡Eithan!
Y apareció mi hermana.
—¡Noa!
La abrazó cariñosamente, como si fuera su propia hermana.
—Te has dejado la puerta de casa abierta cuando te has ido con tus amigos, Noa —la reprendí cuando me saludó con un asentimiento de cabeza, como si no viviésemos bajo el mismo techo ni tuviéramos que compartir el mismo baño.
—¿No te has cogido las llaves, Noa? —intervino mi padre, apareciendo entre dos estanterías repletas de libros con un tomo de Isaac Asimov entre las manos. La pregunta fue soltada al aire por mera curiosidad, no por enfado, algo habitual en mi padre.
Es que… Solo tengo un bolsillo en estos pantalones y tenía que elegir entre el móvil y las llaves.
Me fijé en los pantalones pitillo de cuadritos rojos y negros que había combinado con unas botas militares y una camiseta de tirantes negra.
¿Elegiste el móvil antes que las llaves? mi madre le dirigió una mirada incrédula, y aunque Eithan hacía rato que se había perdido en la conversación debido al idioma, vi cómo se hacía a un lado para hojear unos libros y dejarnos algo de intimidad.
En realidad, elegí el skate señaló su monopatín, que estaba apoyado contra una de las estanterías precariamente.
¡Pero si no te lo puedes meter en el bolsillo!
Justo cuando mi padre iba a contradecir a mi madre, Noa se encogió de hombros y alegó:
Ya, pero si llevaba las llaves o el móvil en el bolsillo, me molestaban mientras patinaba.
¡Noa, que sea la última vez que…!
Justo en ese momento los dueños de la librería abrieron la tienda y empezaron a entrar en bandada fans enloquecidos en busca de la nueva maravilla literaria de mis padres, de modo que nos tuvimos que retirar a nuestros puestos a la espera de que vinieran a que se la firmásemos y aplazar la discusión para otro momento.
La parte buena fue que Eithan estuvo a mi lado todo el rato, sirviéndome de apoyo, y cosiguió que me olvidase de cuánto lo había echado de menos todos estos días.
La parte mala: las dos horas de firma de libros fueron demasiado cortas.










4 comentarios:

  1. !Me encantaron los diálogos! Son vivaces, y le dan realismo a tus personajes.
    ¡Como viento en popa!, veo la relación de los chicos, cada uno presta atención a esos detalles que los van enamorando día a día. Precioso final de capítulo.
    Abrazo!

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    1. ¡Hey, Yessy! No sabes lo mucho que me alegra que vayas leyendo esta historia *__*
      Con este proyecto estoy practicando la fluidez de los diálogos, sobre todo, así que genial que te gusten. Espero que sigas animándote a leer el resto de capítulos ;)
      Como siempre: ¡gracias por comentar!
      Un besazo

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  2. ¡Hola! Interesante capítulo. Me sorprendió que siendo Eithan cercano a Crystal no sepa su problema con los espejos. Me gusta mucho la dinámica que hay entre ambos ¡son geniales! ¿Y que ella quiera llegar a ser escriora? Me ha parecido genial. Aunque de seguro que aunque publique, se va a inventar un alias y publicará aparte, suele pasar mucho cuando vienen de familias de artistas que prueban suerte a ver si la gente los lee por talento o porque vienen de la familia de...

    Muy buen capítulo, ya iré leyendo los otros.

    ¡Un abrazo!

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    1. Me alegro de que te guste la dinámica *__* Con esta historia he estado entrenando diálogos más fluídos y naturales, y espero conseguirlo (?)
      Huuum, no había pensado en lo del alias... ¿podría ser "Blondie"?

      Leo tus comentarios con emoción; tus palabras son un regalo.
      ¡Muchos besos!

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