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AQUEL MARAVILLOSO VERANO

Estos dos últimos meses no pude participar en el reto ICUE presentado por Rocío (Ficción Romántica) ¿Lo echábais de menos?

Esta vez, con el comienzo del verano, nos encontramos ante el reto de Junio con los bloques:
  • Bloque 1. El mes del inicio de vacaciones (elemento: canción Lust of life de Lana del Rey y The Weekend)
  • Bloque 2. Temática de humor (elemento: imagen)
de los cuales elegí, guiándome porque en el mes de Marzo ya me inspiré en una canción:

Bloque 2. Temática de humor

Si El árbol de la vida provocó que se me ocurriera un nuevo proyecto, este fragmento me ha servido para escribir un detalle más del pasado de dos personajes del Proyecto W, que ya ha cumplido un año (y los que le quedan por cumplir *__* sin pausa pero sin prisa, ya sabéis) y que estoy orgullosa de escribir a cuatro manos con mi querida Brujita. ¡Descuidad! No contiene spoilers ni nada por el estilo, simplemente sus protagonistas me encajaban perfectamente para el fragmentito que tenía pensado.

De paso, aprovecho para desearos unas felices vacaciones y, para los que aún estáis de exámenes (como vuestra servidora): ¡mucha suerte!




AQUEL MARAVILLOSO VERANO




—¡YA HEMOS LLEGADO!
Mi pareja me quitó las manos de los ojos, pues me había prometido que el lugar en el que nos íbamos a alojar aquel verano sería una sorpresa. ¡Y vaya sorpresa!
—Dime que estoy soñando…
—Te puedo pellizcar si quieres, eh —fue a pellizcarme y le di un manotazo, entre risas. Se me había quitado el cansancio por el jet-lag de golpe.
—¡Es genial!
Di vueltas a mi alrededor, maravillada.
La casa se encontraba en lo alto del promontorio de roca y arena que habíamos visto desde el coche, con sus paredes blancas y sus grandes ventanales que daban al mar sonriéndonos e invitándonos a vivir el mejor verano de nuestras vidas. El salón era amplio, amueblado también de color blanco, de manera que la televisión de pantalla plana que se encontraba a uno de los lados resaltaba como si fuera un cartel luminoso. La gran estancia daba directamente a la cocina, que era de tipo isla, con una encimera de piedra sobre la que ya me imaginaba a Irina preparando mil y un recetas deliciosas y coctails.
Me fijé en la escalera de caracol que parecía flotar en una de las esquinas y me giré para preguntarle con la mirada.
—Sí, sí, cariño… Es justo lo que piensas. ¡Vamos arriba a cambiarnos y a dejar las maletas!
Le hice caso y arrastramos las maletas hasta la planta superior, que dirigía a un par de habitaciones y a un baño; en aquel momento pensé que el segundo de los dormitorios no lo llegaríamos a utilizar, lógicamente… pero ¡ay, cuán equivocada que estaba! El verano era muy largo…
En la habitación entramos aquella vez había una mullida cama de matrimonio, con altos postes y pavorosos doseles adornándola y un cabecero precioso que se asemejaba a un rosal de colores blanco y grisáceo. También había un armario, un espejo y una lámpara muy chic colgada del techo. La pared del fondo daba a un balcón, y ese balcón a las espectaculares vistas al mar.
—¿Cómo has conseguido hacerte con todo esto?
Irina se encogió de hombros. Había abierto su maleta y, ya completamente desnuda, buscaba entre la ropa algo que ponerse.
—Tengo contactos y gente que me debe favores. Ah, toma, ponte esto —me lanzó lo que, tras atrapar entre las manos, me di cuenta de que era un bikini. Por fin ella también encontró el suyo y se dispuso a ponérselo—. Vamos a relajarnos después del viaje en avión y luego vamos a la cama, ¿vale?
Asentí, exultante de emoción. Me quité también la ropa y me “vestí” con el bikini. A decir verdad, nunca me había puesto uno. Me miré un momento al espejo, nerviosa por las pintas que debía de tener: mi piel era casi tan blanca como mi pelo, que estaba cortado desenfadado a la altura de mis hombros y con flequillo. La braguita azul celeste se había acoplado perfectamente a mis caderas, y mis piernas largas y musculadas gracias al baile parecían aún más largas. Subiendo la mirada me topé con mi vientre plano y mi cintura estrecha, como un reloj de arena. Más arriba, el sujetador del mismo color recogía mis senos, sobre los cuales resaltaban un par de chupetones de Irina de la noche anterior.
—Estás muy sexy —me abrazó la susodicha desde atrás, alternando besos y mordiscos en mi cuello. Se me puso la piel de gallina y no pude evitar que un gemido se escapase de entre mis labios.
—¿Por qué nos ponemos el bikini, cariño? —Logré preguntarle cuando recuperé un poco el autocontrol; o más bien, cuando ella dejó que lo recuperase—. Pensé que el objetivo de subir aquí arriba era otro…
—Me encanta poder sorprenderte. —Se separó, con una sonrisa de oreja a oreja que no tenía nada que envidiar a la de Cheshire, alcanzó la crema solar y se dirigió a la escalera de nuevo—. ¿Me sigues o qué? Ya si eso alcanzaremos ese objetivo que comentas en la piscina…
—¿La piscina?
Su cuerpo descendió por los peldaños, sin darme una respuesta, y no me quedó otra que seguirla. Llegamos de nuevo al salón, pero en vez de torcer hacia la puerta por la que habíamos entrado, nos dirigimos en sentido opuesto, hacia la cristalera que daba, nada más y nada menos que a una piscina de aguas turquesas sobre la que flotaba un unicornio hinchable.
Irina no dudó y, tras colocarse correctamente en el bordillo, tomó impulso y se sumergió en el agua, nadando hacia la figura flotante. Como si lo hubiera hecho antes mil veces, se subió ágilmente y me llamó para que me uniera a ella.
Tomé una bocanada de aire, un aire puro y salado que en la ciudad de la que partimos no había olido nunca, y también me hundí en el agua. Nadé hacia ella, con la adrenalina corriendo por mis venas, feliz, sintiéndome liberada. En cuanto llegué a su altura, me tendió una mano y me subí también al unicornio, como si de verdad fuera un corcel y nosotras sus jinetes.
Irina nos dirigió hacia el borde de la piscina, que se encontraba al borde mismo del promontorio, de manera que visto desde lejos parecía que el agua era una continuación del océano y viceversa. Noté el vértigo atenazando mi cuerpo, y al mismo tiempo seguridad, abrazada a Irina.
—Me dijiste que nunca habías ido de vacaciones a ningún lugar… ¡Así que aquí tienes! Quiero que pasemos un verano maravilloso, el primero de muchos que aún tendrán que llegar. No quiero que te preocupes de los gastos, ni del próximo curso de la universidad… Cero preocupaciones, ¿de acuerdo? Déjamelo todo a mí.
¡Estaba sin palabras! Me maravillaba la seguridad que tenía en ella misma con tan solo veinte años, cómo era capaz de planificar un viaje tan especial como aquel ella sola.
—Iremos a discotecas, conoceremos gente, nos burlaremos de los chicos que intenten ligar con nosotras… ¡o ligaremos con ellos y luego los dejaremos en la estacada! Iremos a la playa, estaremos aquí en la piscina, cabalgando sobre Sardinilla…
—¿Sardinilla?
—Sí, ese es el nombre del unicornio… Es en honor a una saga de un autor polaco, me la leían mis padres de pequeña… tienes que leerla. Bueno, lo que iba diciendo: cabalgaremos sobre Sardinilla hasta la llegada del atardecer, y comeremos las delicias que yo misma cocinaré, y haremos el amor, sea la hora que sea… ¿Qué te parece?
Me eché a reír, mientras me sacudía el pelo empapado de la cara.
—Temo que Sardinilla pueda estar celosa de ese plan.
—¡Pero si le he prometido que cabalgaremos con ella! No te desinfles, Sardinilla… ¡Hay mucho verano por delante!
En efecto, así fue… y cuando terminó, supe que siempre recordaría aquel maravilloso verano.


Aviso: La imagen proviene del blog de Rocío, si bien está cogida de Internet.


4 comentarios:

  1. ¡Hola! Qué interesante la relación de estas dos. Leer esta escena me ha dejado con ganas de más. Me gusta mucho la protagonista. Sardinilla para nombre de unicornio es un lujo, no pude evitar leerlo sin reirme XD

    ¡Un abrazo!

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    1. ¡Hey! Me encanta que te encante y, sobre todo, que consiguiera hacer reír ;)
      ¡Ojalá algún día la historia de esta protagonista vea la luz! Mi compañera de escritura y yo estamos muy ilusionadas con este proyecto *__*
      Un besazo, Roxi

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  2. Respuestas
    1. ¡Muchas gracias por pasarte, Per! Un besazo <3

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